Mujer que mató a su bebé: “Le dije a un policía que me pegara un balazo”

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Fotografía: La Teja

“Estoy tan cansada que un día de estos le dije a un policía que me pegara un balazo porque yo ya fui juzgada y condenada y estoy cumpliendo con la sentencia, pero me pasan de un ámbito a otro y me golpean y no hacen nada, los mismos oficiales han permitido que, en presencia de ellos, me agarren a patadas y cuando pido hablar con la directora me ignoran".

Quien hace la ruda confesión es Grettel Hernández Quesada, de 40 años, quien descuenta 20 años en una cárcel en San Rafael Arriba de Desamparados, Costa Rica por matar a su bebita de 18 días de nacida.

Asegura que está pagando una doble sentencia porque además de la condena hay otro castigo no oficial: las constantes palizas e incluso la han apuñalado.

A Hernández la sentenciaron en el año 2000 después de que su abogado le dijo que se sometiera a un proceso abreviado, es decir, que no fuera a juicio por el asesinato de su hija el 25 de agosto de 1998.

“Yo tenía dos hijos cuando quedé embarazada, fui al hospital y me dijeron que eran gemelas y que una estaba muerta. Me hicieron un examen y me dijeron que tenían que sacarme a la otra bebé, me hicieron cesárea, para mí fue impactante que me dijeran que mi bebé estaba muerta”, contó.

 

La mujer asegura que ella estaba con anemia y aún así logró, poco después, que les dieran la salida a las dos.

“Apenas yo salí me fui a ver a mi bebé donde la habían enterrado y le pusieron una cruz, en ese momento yo me sentía mal, como si estuviera metida en un hueco, sin ganas de nada, como si me quisiera morir”, narró.

Asegura que, incluso, trató de quitarse la vida, pero una de sus hijas le suplicó que no los dejará solitos.

“Un día estábamos en la casa mis hijos y la bebé, ella no dejaba de llorar, yo solo quería que se callara y la sacudí (explota en llanto), la puse en la cuna, y me fui para la cocina, me senté en una grada a llorar y llorar, mis hijos me pidieron comida, y después de darles de comer, cuando agarre a la bebé vi que algo le pasaba porque se le hacía la cabecita para todo lado.

"Yo le ponía los dedos en la nariz y no sentía que respiraba, mis otros hijos me preguntaban qué le pasó a la bebé, estaba lloviendo muy fuerte y le pedí ayuda a la vecina para que se quedara con mis hijos, ella pidió una ambulancia”, relató Grettel.

Cuando llegaron al Hospital San Francisco de Asís, en Grecia, la bebé ya estaba muerta.

“En ese momento yo caí en cuenta de lo que había hecho y empecé a vivir un infierno, yo nunca quise hacerle daño, yo solo quería que ya no llorara, la Policía me detuvo tiempo después porque yo tenía a mi hijo mayor hospitalizado, él sufría convulsiones.

“Mi papá me pagó un abogado que me dijo que me sometiera a un abreviado. Hasta que yo estuve en la cárcel supe que existía la depresión postparto e incluso la psicóloga me dijo que ella cree que eso fue lo que a mí me dio”, aseguró.

Según Hernández, cuando ella entró a la cárcel su delito era menos común, y aunque le pateaban el colchón y le gritaban, las agresiones eran menos que en los últimos seis meses.

Lleva casi 12 años en la cárcel y tiene puñaladas en el cuello y en una pierna que le pegó una compañera con la que compartía la celda.

 

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